Escondidos de la presencia de Dios…


Una de las más antiguas reglas de estudio de la Biblia establece que para entender el significado de un objeto, situación, palabra o verdad en la Palabra es importante prestar atención a la primera mención de la misma en las Escrituras. Por eso me parece curioso que en esto de comprender la presencia de Dios entre nosotros, la primera vez que esta se menciona está en Génesis 3:8… léela a continuación:

“Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto”

Las implicaciones de este pasaje son demasiado sugerentes como para pasarlas por alto. Adán y su mujer se escondieron de la presencia de Dios… ¿la razón?, simple: estaban conscientes de su pecado. La ley de la primera mención se muestra válida y consistente en el análisis de esta actitud en el resto de las escrituras… Moisés escuchó del pueblo verbalizar la actitud de Adán y Eva en Éxodo 20:19 (y en varias otras ocasiones similares) cuando le dijeron “Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos”… o en las palabras de Jesús en Juan 3:20 (Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas). Desde la huida de Caín de delante de la presencia de Dios en Génesis 4 hasta la actitud suicida de los hombres en Apocalipsis pidiendo a las peñas y a los montes que caigan sobre ellos para esconderles del rostro del Rey (cuando “decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero”) el hombre ha tratado de esconderse de la presencia de Dios por causa de su pecado.

No lo repitamos. Si tú y yo hemos recibido el perdón de nuestros pecados no tenemos por qué escondernos de su presencia. No estamos desnudos; no necesitamos delantales de higueras que nos cubran. Su sangre nos ha cubierto y perdonado. 1Juan afirma que”Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Es verdad… 100% verdad. Él lo hace -entre otras cosas- para que entremos en su presencia… y que lo hagamos con gozo.

Esta noche te animo a que vayas ante su presencia -en la Iglesia o de manera individual- con libertad. No sigas escondiéndote de su presencia.
Estás perdiéndote de lo mejor de la vida.

 

Nos vemos mañana.

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