La casa de Dios…


No tiene paredes, techos, pisos, ni ventanas… pero es una casa. No es una casa cualquiera… no tiene habitaciones separadas ni evidencia la disposición clásica de las casas que tú y yo conocemos… sin embargo, es la casa más importante que existe sobre la faz de la tierra. Me refiero -por supuesto- a la Iglesia, la casa de Dios.

La casa de Dios no es un edificio…es la congregación de sus santos cuando estamos reunidos. Pablo le dijo a su hijo en la fe que le escribía su carta “para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” Este pasaje en 1Timoteo 3:15 es innegable… la casa de Dios es la iglesia del Dios viviente. Es el lugar de residencia de Dios sobre la tierra, la manifestación visible de su morada eterna al alcance de los seres humanos. Piénsalo. Dios vive entre nosotros.

Yo sé… tu buena doctrina -y muy estimada Teología- te dirá que Dios vive dentro de ti… y es cierto. El Espíritu Santo hizo que los seguidores del Rey fueran -individualmente- su morada permanente. 1Corintios 6:19 lo dice claramente… “vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo” Él está dentro de ti -si eres creyente- para llenarte, guiarte, convencerte de pecado, consolarte, enseñarte y al menos una docena de otros verbos trascendentales. Pero Dios Padre está entre nosotros cuando nos reunimos a adorarle. En ese momento nos volvemos -todos nosotros juntos- su casa. Se manifiesta en la alabanza, en el compañerismo, en la oración …y, de manera particular, se evidencia al haber predicación de la Palabra; ¿no dice claramente 1Corintios 14:25 que cuando un incrédulo escucha la exposición del la Palabra en la Iglesia adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.?

Dios no vive en el Templo de tu iglesia. Pero allí se manifiesta cuando su casa se reúne. Este domingo cuando entres al lugar donde te reúnes con la congregación en la que Dios te ha puesto… piensa… “estoy entrando en la casa de Dios”.
Él sí vive allí… en la iglesia reunida. Por eso: salúdalo, adóralo, respétalo y disfrútalo… y no pases por alto que esa no es “tu” iglesia… ¡es “su” casa!
Que privilegio poder estar allí, ¿no crees?

Allí te dejo la inquietud.

Nos vemos mañana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s