1Crónicas 16:29


Sigo pensando en la realidad de “conectarnos con su presencia” cuando nos reunimos como Iglesia… no me refiero a VidaNueva en particular, sino a todas y cada una de las expresiones del cuerpo de Jesús en esta Tierra en las que su seguidores honestamente buscan adorarle… me da tristeza pensar que -según Apocalipsis 2- él ha removido la luz de su presencia en algunas de ellas… y me duele más pensar que en otras -como te dije el otro día- la realidad de su presencia pasa desapercibida.

Esta noche mis pensamientos están en 1Crónicas 16:29. El texto contiene un pensamiento incrustado en el canto que David entonó cuando trajo el Arca de Jehová (su presencia) al tabernáculo temporal que hizo para adorarle… mira lo que dice:

Dad a Jehová la honra debida a su nombre;
Traed ofrenda, y venid delante de él;
Postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad. 

Este es uno de esos trozos que merecen ser examinados con alguna lupa poderosa… tratando de ver tan dentro del corazón del hombre que lo escribió y del Espíritu que lo inspiró como nos sea posible. No quiero mostrártelo “bosquejadamente” (es fácilmente predicable)… sino más bien quiero que sopesemos juntos la perspectiva humana de quien es Dios… y el imperativo divino de acercarnos a su presencia. Sin embargo, trataré de ordenar las ideas que este pasaje me produce en tres secciones:

  1. Al acercarnos a Dios lo hacemos para honrarlo. Hmmm… podemos darle la honra debida o la que no es debida… esto último sucede cuando olvidamos su identidad o -como lo dice David- “su nombre”. “Yo Soy” -Jehová o Yahwe- no era un nombre de pronunciación casual o simple en boca del pueblo de Dios, de todos es conocido que mucho se ha escrito de la reverencia y respeto con el que los judíos lo trataban antes de siquiera pronunciarlo o escribirlo. Piénsalo. Recordar la identidad de aquel a quien adoramos cada semana es necesario, a veces pienso que lo hemos olvidado y le hemos reducido a un personaje amigable a quien podemos recurrir para que nos ayude y nos bendiga… ¡no! la honra que le demos tiene que ser la “debida”… ninguna otra honra es suficiente. Punto.
  2. Al acercarnos a Dios el objetivo es darle, no recibir de Él. Recibimos por su gracia para con nosotros, pero “que él nos de” no debe ser el centro de la dinámica de nuestra relación. La palabra “ofrenda” usada por David en este pasaje puede traducirse como una “adjudicación” o “un prorrateo de lo que se tiene” y se refiere a un sacrificio sin sangre… una ofrenda en especie de lo que Él nos ha dado. Con temor de sonar como uno de esos lobos rapaces que quieren tu dinero en las Iglesias tengo que señalar que el pasaje implica que cuando nos reunimos deberíamos llevarle de lo mejor que él nos ha dado…no para que “nos dé más”… no es “una siembra” o “una inversión” sino un reconocimiento de que él se lo merece todo… pero le traemos lo que consideramos que es lo “debido a su nombre”.
  3. Al acercarnos a Dios la actitud nuestra será de humillación… postración… adoración… de reconocimiento de su grandeza y total aceptación de nuestra pequeñez. Este sentimiento surge al contemplar “la hermosura de la santidad”. Hmmm… este es un pensamiento abrumador, especialmente si aprecias que la hermosura es un término subjetivo; como cualquier elemento estético estás en libertad de considerar algo como bonito o feo… hermoso o carente de belleza… honroso o indigno. La santidad (nota que no dice “su santidad”) es bella para Dios pero no necesariamente para ti o para mi. Si la consideramos hermosa, su presencia resultará humillante para nuestra pecaminosa condición (¡por supuesto!) y como respuesta nos postraremos a adorar. Esta actitud tendrá poco que ver con el programa desarrollado en el culto de la Iglesia y mucho que ver con el trabajo desarrollado por el Espíritu Santo dentro de la capilla de nuestro corazón.

Esta noche te animo -y me animo- a que nos preparemos para que este domingo -al estar reunido en la Iglesia en la que adoremos- le demos a nuestro Rey la honra debida su nombre… le llevemos lo que consideramos que él se merece y que reaccionemos apropiadamente al choque entre nuestra pecaminosidad y la santidad de su presencia.
O puedes simplemente “ir a la Iglesia” y pasar todo esto por alto.
Tú decides.

 

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “1Crónicas 16:29

  1. Gracias por esta hermosa reflexión Julio. Me pregunto si postrarme en la hermosura de la santidad, puede interpretarse que yo me santifique para postrarme ante el, y eso es una hermosura ?? Así como me santifico para tomar la cena del Señor, también debo estar en la hermosura de la santidad para postrarme ante El !!. Bueno,… espero tu respuesta..!!
    Dios te bendiga amado hermano.!

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