Oro, incienso, mirra…


No es necesario ser un erudito bíblico para saber que la historia de los Magos que el mundo conoce no está apegada a la realidad histórica que la Palabra expone. No fueron tres, no eran reyes, no se llamaban Melchor, Gaspar y Baltazar… no llegaron la noche en que el Rey nació… no entraron a un establo (nunca hubo buey y burro al lado del recién nacido Jesús)… no estuvieron con los pastores (quienes sí llegaron la noche del nacimiento)… pero lo que sí es cierto es que “de sus tesoros” le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Mateo 2:11 dice textualmente: Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Hmmm… he allí algo de lo que podemos aprender de estos personajes históricos tan tergiversados en nuestro religioso presente.

  1. Buscaron a Jesús a expensas de su comodidad. El viaje que hicieron -miles de kilómetros- debe haber tomado un largo tiempo (quizás dos años por algunos detalles de la narrativa bíblica). Algunos esperan “toparse” con Jesús en la vida por pura casualidad… no seas uno de ellos.
  2. Al entrar en la presencia de Jesús, lo adoraron. Sin ánimo de sonar polémico o controversial -ni pleitista- debo notar que no adoraron a María… ni se postraron delante de ella. Sólo Jesús es digno de que nos postremos ante él… sólo él -aún siendo un bebé- tenía el derecho de recibir la adoración humana.
  3. Le abrieron sus tesoros a Jesús. Sus regalos fueron para el Rey… es curioso que la palabra traducida “presentes” es doron que casi siempre es traducida como “ofrenda”. Nadie “recogió” esa ofrenda… ellos se la dieron voluntariamente… hicieron un viaje gigantesco para adorarlo y ofrendarle. ¡Ese es un enfoque de la navidad muy diferente al de nuestras supermercantilizadas y extremadamente egoístas fiestas actuales!
  4. Le dieron lo mejor: oro, incienso y mirra eran elementos de gran precio. La idea generalizada es que el oro se el regalo apropiado para un rey, el incienso es la medio correcto de adorar a Dios y la mirra es un regalo digno de un líder…que está por morir (como la usada para ungirlo por María Magdalena más adelante en su ministerio). Tal vez en la mente de ellos, el simbolismo único fue: ¡estos regalos no tienen valor comparado con el que tú tienes Señor! ¡Que lección para nosotros!

Esta es una de esas “historias de navidad” que necesitan ser redimidas y a las que debe devolvérseles su verdadero significado: Jesús vale mucho… lo suficiente como para hacerle el centro de nuestra adoración y el objeto de nuestros tesoros.
Hagamos que esta navidad sea precisamente eso… adorémosle con lo mejor de nuestra realidad; ni siquiera tiene que ser oro, incienso o mirra…

 

Nos vemos mañana.

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