Reproche a la incredulidad…


Estoy preparándome para el fin de nuestro estudio del Libro de Marcos en VidaNueva. Esta semana, después de casi dos años -con algunos recesos- y si Dios así lo permite, estaré concluyendo la exposición de los últimos versículos del evangelio. Te confieso que ha sido una verdadera fiesta espiritual para mí el internarme semana tras semana en los eventos de la vida de nuestro Rey… y desde ya pienso que extrañaré hacerlo (el próximo libro que expondré es 1Pedro).

La historia que Marcos nos dejó cierra con una última aparición terrena de Jesús a sus discípulos. La manera en la que está fraseado el texto nos hace pensar que el Rey se les presentó porque sus seguidores fueron incrédulos a las declaraciones dadas por María Magdalena y por dos mismos de los discípulos -probablemente los del camino a Emaús- a quienes Marcos afirma que los demás “ni aun a ellos creyeron”.
Es que la incredulidad es difícil de vencer. ¿O no?
Especialmente cuando se trata de creer a otros en su experiencia con Dios.

Me hace pensar mucho el versículo 14 que dice:

Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.

Te propongo que en un mundo en el que hay tantas herejías y locuras contadas por mentirosos “en el nombre de Dios” los creyentes debemos mantener nuestro criterio y cautela sobre a quienes creemos y a quienes no creemos… lo que me parece inconcebible es que hayamos perdido la capacidad de discernir los mentirosos de los que dicen la verdad en lo que a su relación con Dios respecta… y que hayamos sustituido esta capacidad por una barrera infranqueable de incredulidad sistemática.

Mi desafío para ti esta noche no es a que seas crédulo y bajes la guardia de tu razón para dejarte engañar por todo aquel que diga que es un siervo de Dios y tiene una relación especial con el Rey… no mi hermano, mi desafío de esta noche es a que desarrolles tu sabiduría hasta el punto que aprendas a discernir a aquellos ante quienes es correcto ser incrédulo de aquellos que hacen notoria nuestra “dureza de corazón”. Cree a los que deben ser creídos (las Marías Magdalenas y los discípulos a Emaús de nuestros días)… y rechaza a los que deben ser rechazados.

¿Lo haces? ¿Eres un incrédulo sistemático o un creyente engañable?
Te animo a buscar la verdad en la Palabra… así estarás seguro.

Allí te dejo la inquietus!

 

Nos vemos mañana.

 

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