Más sobre el Problema del Mal… (II)


Antes que nada: ¿Te gusta el “look navideño” de jcontreras.com? Espero mantenerlo (junto con la nieve) hasta fines de diciembre de manera que nos recuerde a ti y a mí lo que te dije el otro día de darle a Jesús el mejor regalo esta temporada…

Ahora sí…

Esta noche continuamos en la clase de Apologética con el análisis de lo que filósofos y teólogos han llamado “el Problema del Mal”: “Si un Dios bueno y todopoderoso existe, este Dios querría y podría detener la existencia del mal. Pero el mal existe, por lo tanto -concluyen algunos- Dios no puede existir” Como te dije anoche, ante el sufrimiento humano -desde el cáncer y los niños abandonados en las calles, hasta tsunamis y terremotos… pasando por asesinatos, despidos laborales, violaciones, abusos… y llegando hasta las oscuras profundidades de los sufrimientos más injustos en esta vida- a muchos les cuesta conciliar la realidad del mal con la existencia de un Dios que es amoroso, bondadoso y misericordioso.
¿Cómo explicarlo?

Antes que nada, y como te dije anoche, no creo que exista una solución simple… y hoy añado el elemento de que una solución filosófica -por verdadera que sea- no trae consuelo a quien está sufriendo el mal en carne propia. Por eso, cuídate de no acercarte a los que sufren con respuestas enlatadas provenientes del ambiente esterilizado de un tanque de pensamiento teológico. Si lo haces, pecarás de insensible y caerás mal… muy mal… y te lo tendrás muy merecido.

Comencemos por definir: El mal no es “algo” en sí mismo… es más bien la corrupción o privación de “algo” que es bueno (como la caries en un diente… una caries sólo puede existir si existen los dientes, ¿verdad?) Te animo a que hagas un estudio de la palabra “corrupción” en la Biblia y verás como se refiere precisamente al efecto del mal en nosotros. Los filósofos dirían que el mal no puede ser una sustancia real, sino que se trata de una privación real de las sustancias buenas… no es una entidad real, sino la verdadera corrupción en una entidad real. Dios por ser infinitamente perfecto no creo el mal… pero le dio a sus criaturas algunas de sus perfecciones… entre ellas la libertad -buena- de escoger. A partir de esta libertad Satanás escogió el mal (Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. Ezequiel 28:15)… a partir de entonces cada criatura tiene la libertad de ejercer su poder de elección entre el bien y el mal. Entonces, el mal existe entonces como un parásito del bien que Dios creó.
Y nosotros -frecuentemente- escogemos ese parásito en vez de elegir lo bueno creado por Dios.
Somos responsables. Punto.

¿Por qué hay niños que sufren? Por el pecado -la elección del mal- de los adultos. ¿Es justo? No, no lo es… lo mismo sucede en cualquier otro “mal moral” en el que alguien causa sufrimiento a otro… no es agradable, pero es el precio que nos toca pagar a los humanos por el lujo de “poder escoger”. Piénsalo. El bien que Dios nos dio -la libertad de escoger- permite que el mal suceda -que escojamos lo malo.  La muerte misma es consecuencia de que la raza eligió el mal (el pecado) ¿no lo dice claramente Romanos 5:12: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”?. Por eso, si te enojas por la muerte de alguien, enójate contra el pecado… ¡no lo hagas contra Dios!

El mal natural -los desastres- es en realidad consecuencia misma del pecado del hombre (la creación gime esperando la redención dice Romanos)… por lo que los desastres naturales sólo terminarán cuando la redención completa de este planeta haya sido realizada (cielos nuevos, tierra nueva) “porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Romanos 8:21).

¿Aminora estas respuestas el dolor de los que sufren? No lo creo. El mal es un problema no sólo de tipo filosófico sino primariamente de consecuencias prácticas. Por eso te animo a que cuando veas el mal sucediendo seas una persona de consolación… llora con los que lloran… y trata de mostrar el carácter compasivo de Jesús de la mejor manera posible.

 

Nos vemos mañana.

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