Si entiendes… ¡no te quedes callado!


Esta noche terminamos otra sección del curso de Apologética en el seminario… en realidad vimos el cúmulo de lo aprendido -todo un proceso lógico y razonable de nuestra fe- y la causa única para estudiarlo: compartir nuestra fe razonablemente con otros. Mucho estudio para una simple y sencilla actividad: el evangelismo. O quizás debería decir para una simple y sencilla actitud: evangelismo.

Es que evangelizar es precisamente las dos cosas, una actividad y una actitud. Evangelizar es el proceso mediante el cual quitamos las barreras mentales que separan a aquellos que no conocen a Jesús de la posibilidad de tener un encuentro con él por medio de la fe. La razón es debe ser usada abundantemente en este proceso… pero nadie entrara al cielo por la razón. La razón -como se lo volví a recordar a mis estudiantes esta noche- es apenas el camino que nos lleva a la fe. Una vez que cada mente llega a ese punto, su alma debe decidir creer y cruzar al territorio de lo Divino… y entonces el milagro de la salvación ganada en la cruz se aplica a esa persona por la pura gracia del Rey.

Déjame proponerte esta noche que si eres cristiano y no compartes tu fe es porque probablemente no la comprendes. ¿Cómo podrías quedarte callado acerca de Jesús con una conciencia limpia? Dicho de otra manera: Si entiendes tu fe y no la compartes tienes un problema gravísimo de dureza de corazón. Piénsalo. Dios, el creador del universo se ha revelado al hombre para mostrar un sólo camino… si Jesús es Dios (¿lo crees?) y el dijo que era el único camino (¡lo dijo!), si él dijo que seguirlo a él es “todo o nada” (¡lo dijo!) y que el que no creyera en él iría a una condenación eterna (¡lo dijo!)… y si tienes a alguien a tu alrededor que no le conoce y no ha decidido seguirle (¿lo tienes?… ¡seguro que sí!) y te quedas callado… uuuhhhh… no quiero ni pensar en la tremenda responsabilidad que estás desatendiendo… y en el espantoso impacto de tal desobediencia.
¿Palabras fuertes?
No creo.

Esta noche te animo a que si eres seguidor del Rey, trates de compartir su salvación con quienes están cerca tuyo. La “conversión” de ellos no es tu tarea… déjale eso al Espíritu Santo; tú sólo abre tu boca y tu corazón y explica de manera razonable porque esa persona -tu pareja, tu hermano, tu amigo, tu compañero de trabajo- está en el camino equivocado. El evangelismo es una actitud que se desarrolla en cada momento de la vida de forma que se torna en una actividad que sucederá cada vez que sea posible.
Si entiendes… ¡no te quedes callado!

 

Nos vemos mañana.

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