A dólar el minuto…


Esta noche te dejo un pasaje de Efesios 5 que me parece muy pertinente recordar cada de vez en cuando: Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. 

“Aprovechar” es un término económico… implica comprar o pagar un rescate por una persona o por un bien que está cautivo o esclavo de alguien más. ¿Te sucede a ti que a veces el tiempo no te alcanza para hacer lo que te propones? o ¿eres alguien que tienes tiempo de sobra… y a veces te sientes aburrido porque las horas y días pasan demasiado lentos para tu gusto? ¿Terminas el día deseando que este tuviera más horas? ¿O pierdes largas horas en actividades sin mucha sustancia (léase TV, Video juegos, BB, Facebook, Twitter, Youtube, etc.)? Estoy seguro que -seas quien seas- te sentirías mal si cada día arrojaras una parte de tu dinero en un cesto de basura… pero, ¿te sientes igual de mal si pierdes el tiempo? Dicho de otra manera: ¿Cuanto vale cada minuto para ti? ¿Cómo tratarías cada minuto si tuvieras que pagar un dólar por él?

Perdóname por esta ráfaga de preguntas pero es que hoy he pensado en más de una ocasión que mi semana “corta” desde el punto de vista del ministerio. En unos días Patty y yo estaremos saliendo hacia Bogotá para enseñar a matrimonios y estar con nuestra hija y con algunos de los mejores amigos que Dios nos ha dado “de este lado del sol”. Como sucede en cada ocasión cuando salimos del país los días previos (y los posteriores al viaje) se tornan un tanto comprimidos. Si a eso le sumas que estoy en medio de enseñar una sección del curso de Apologética que estoy impartiendo este semestre en el Seminario y que con el equipo pastoral estamos en el proceso de diseñar algunos ajustes mayores para hacer mejor ministerio en el futuro… pues… digamos que los días son más ocupados que de costumbre. Quisiera tener más tiempo… y me da tristeza que otros desperdicien el que tienen. Digamos que lamento la “mala distribución de la riqueza” en lo que refiere a segundos, minutos y horas.

No malgastes tu tiempo; desperdiciarlo sale muy caro. Créeme, cada precioso minuto vale muchísimo más que un simple y devaluado dólar.

 

Nos vemos mañana.

 

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