Octubre 31…


Yo sé… la fecha inmediatamente invita a pensar en la tristemente celebrada actividad propia de lo oculto… pero esta noche no es mi intención escribir sobre ella (si quieres un buen punto de vista de Halloween te animo a leer el post de Nelson Rivas dando clic acá). Mi propósito esta noche es señalar que estamos casi a las puertas de terminar el año. En exactamente dos meses estaremos despidiendo el 2011 y abriendo una nueva ventana hacia el futuro en lo que sea que hagamos en la vida. El final de Octubre da inicio a un peligro más grande y más común para la mente del creyente que lo que representa el día de las brujas… Noviembre 1 -en casi todo el hemisferio occidental- “ya huele” a Navidad, y con la fiesta en honor al nacimiento de Jesús vendrán docenas y docenas de oportunidades de olvidar al verdadero Jesús. Si te das una pasada por los centros comerciales (al menos en nuestro país), las decoraciones navideñas han comenzado a poblar todos los escaparates y vitrinas… pronto surgirán las ofertas, las compras, las aglomeraciones… el estrés… ya vienen las cenas, las fiestas, los gastos y todas las demás cosas que harán que la vida se altere. Ni quiero pensar en las descomunales “trabazones” vehiculares (trancones, presas, atolladeros, embotellamientos o como sea que se llame en tu país)… pero estos males “vienen con el territorio”… y no hay mucho que tú o yo podamos hacer al respecto.

Pero el problema no es el tráfico. Opino que el peligro que viene es mayor que el presentado por Halloween porque en el nombre de la Navidad se interrumpirán procesos de discipulado, reuniones de grupos pequeños, ministerios, estudios… la asistencia a las iglesias disminuirá (un dato estadísticamente comprobado) y mucho del terreno ganado en el área espiritual se pondrá en riesgo. Conozco lo fácil que es perder la disciplina en esta temporada… la dieta se pierde, el tiempo se pierde, la costumbre de encontrarse con Dios se pierde… y en cada caso parece que hay una buena excusa para perderse. La época navideña es un caso en el que -si no estamos atentos- terminaremos escogiendo “lo bueno” y desechando “lo mejor”.

No me mal entiendas. Me encanta la Navidad. Es mi época preferida en el año. Me encantan las decoraciones, los regalos, la música y ese no-se-que-mágico-que-flota-en-el-aire durante toda la temporada. Pero al mismo tiempo me parece irónico que si bien ningún hijo de Dios en su sano juicio se prestaría a participar abierta y conscientemente en la celebración a las fuerzas ocultas y oscuras del enemigo que sucede el 31 de Octubre… casi todos caeremos paulatinamente -a partir de hoy y durante los próximos dos meses- en la trampa de desenfocarnos de las cosas del Rey porque “la Navidad ya está acá”.

31 de Octubre… el problema más grande no son dulces o calabazas… no son escobas y disfraces… ni son druidas y aquelarres. Nuestro mayor reto es disfrutar de lo que se viene encima sin perder la sobriedad espiritual.

 

Nos vemos mañana.

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