No lo que yo quiero, sino lo que tú…


La oración es uno de los grandes misterios de la vida espiritual… me refiero a la oración genuina, en la que entramos en un diálogo real con Dios y que está lejos de limitarse a solo “darle órdenes” o a “expresar nuestra lista de deseos” en su presencia. Algunos, erróneamente, le atribuyen “poder” a la oración… digo “erróneamente” porque siempre he entendido que el poder está en Dios y no en el acto de orar. Cuando oramos, creamos una vía de acceso a Su poder… pero no lo controlamos a nuestra voluntad. No importa cuanto oremos o con cuanta intensidad… o con cuanta frecuencia lo hagamos… al final Su poder se manifestará de la forma que el Rey lo desee en en el momento que él lo desee. Punto.

Consideremos por unos instantes el caso de Jesús en el huerto del Getsemaní unas horas antes de ir a la Cruz (el pasaje que estudiaremos este domingo en VidaNueva). Él oró con intensidad en perfecta comunión con el Padre… lo hizo en agonía real, pidiendo no tener que enfrentar “la copa” que estaba a punto de tragar… reconoció el poder del Padre (“Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa”) pero inmediatamente se sometió a la voluntad perfecta de Dios: mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.

Déjame proponerte esta noche que la clave de la oración eficaz es esa: pedir que se haga no lo que tú quieres, sino lo que Dios desea. ¿Cómo sería nuestra vida si dejáramos de orar por nuestros deseos y empezáramos a pedir por Su perfecta voluntad?¿Qué cosas cambiarían en tu mundo? ¿Cuantas cosas dejarías de pedir porque ya sabes que no es su voluntad?

Orar no es un asunto de poder… es cuestión de voluntad. Dios tiene todo el poder, nunca lo dudes, nunca lo olvides… nunca lo cuestiones. Él puede sanarte de lo que sea, darte el trabajo que sea, proveerte de lo que sea, cambiar al que sea, y hacer lo que sea… por eso no se trata de “accesar” al poder de Dios. Él asunto es que se haga su voluntad. Jesús entendió esto en en Getsemaní y salió de ese huerto fortalecido para enfrentar lo que venía en el futuro. Esta noche deseo para ti y para mí exactamente lo mismo: imitar a Jesús en su actitud al orar.

 

Nos vemos mañana.

 

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