¡Precaución!: podría pasar en lo que menos pensamos…


Última noche en Florida… ¡qué noche ha sido! El servicio final de la Conferencia de misiones fue una verdadera bendición para Patty y para mí… además de una experiencia de buenísima adoración fuimos testigos del lanzamiento de varios proyectos misioneros de mucho impacto alrededor del mundo. Cuánto me gustó.

Me causó particular impresión el anuncio del envío de un equipo de esta Iglesia (uno de los pastores, su esposa y un grupo de jóvenes adultos) a establecer una iglesia en Glasgow, Escocia. Entre tanto reporte y conversación de todos estos días sobre las misiones “típicas” (comenzando por los países árabes y las regiones de Africa hasta la India, pasando por los esquimales de Alaska, los macedonios o los cosacos) el enfocarnos en el viejo continente me resultó muy significativo, especialmente tratándose de enviar misioneros a un país con tanta “herencia cristiana” como Escocia (que fue la cuna de algunos de los teólogos más importantes de la Historia). Me hizo pensar en lo verdadero de la afirmación que dice “el cristianismo está siempre a sólo una generación de desaparecer de la tierra”. Si no discipulamos… la fe se volverá en religión… y la religión se deteriorará hasta ser un sepulcro blanqueado por la tradición… y la tradición se pudrirá por completo hasta convertir a la sociedad entera en un mar agnóstico en el que la incredulidad y la apatía prevalecen. Piénsalo. Pasa en los países con el correr de los siglos, pasa en las iglesias en el transcurso de de los años y pasa en las familias en menos de lo que nos damos cuenta.

La salida es, por supuesto, la fidelidad de la generación previa. No podemos cambiar lo que ya pasó en las generaciones anteriores… no puedes hacer que los antepasados -sean tus padres, los pastores de las iglesias de otro tiempo o los misioneros de otros siglos- sean diferentes. Pero tú y yo sí podemos hacer la diferencia para con las generaciones futuras. De nuestra fidelidad en lo que hacemos cada día depende lo que sucederá dentro de varios siglos. Hoy mandamos misioneros desde América Latina, nuestras iglesias están llenas, el evangelio florece, nuestros hijos se alegran de ser cristianos… parecería que hemos alcanzado algún tipo de “nirvana cristiano” en el que los números y el éxito son tan abundantes que nunca desaparecerán. Pero no siempre será así. No quiero sonar pesimista… pero me gustaría sonar la alarma. La historia nos dice que muy probablemente, seremos como otros pueblos que nos precedieron. La experiencia nos dice que tenemos el riesgo de ser como otras iglesias antes que nosotros. La realidad nos afirma que podemos ser como muchos papás y mamás cristianos de nuestra época. Si fallamos en discipular a la siguiente generación para que sigan al Rey y tengan la fe sólida para que ellos discipulen a la generación que vendrá tras ellos habremos fracasado en nuestro cometido.
Y de algún otra parte del planeta enviarán misioneros a las puertas de nuestras -para entonces- vetustas y tradicionales iglesias. Y nuestros hijos dirán de manera fría: “yo fui cristiano”.
Que Dios nos libre de semejante cosa.
Y que lo haga despertándonos a la realidad de nuestra fe.

Es noche… en unas horas saldremos de acá.
Gracias a Dios por estos día de ministerio diferente.

 

Nos vemos mañana.

 

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