Pensamientos sobre la amargura…


Desde antes de comenzar te digo que esta noche dejaré estos pensamientos inconclusos… espero poder terminar mi argumento mañana por la noche. Sin embargo, creo que algo puedes aprender de las líneas que siguen a continuación…

Aquí va…

Tengo la certeza de que te he hablado de esto antes. La amargura -la aflicción o disgusto que puede llegarle a dar un sabor permanente al alma- es un problema demasiado común… y aunque las causas específicas de la amargura pueden ser muchas, el principio general es el mismo: el alma está profundamente ofendida.

Para serte honesto, he visto casos en los que las ofensas fueron más el producto de una sensibilidad exagerada que de un ofensor mal intencionado; son los menos, pero existen. Lamentablemente la gran mayoría de aquellos -y aquellas- que permiten que la amargura brote en su corazón son personas que han sido severa, prolongada y a veces despiadadamente dañados por otros que -en su egoísmo- han ofendido hasta el hastío el alma de quienes les rodean. No es raro que estas ofensas sean principalmente pequeños eventos continuos y repetitivos -como una gotera o un grifo que gotea-, salpicados por ocasiones en las que “algo grande” sucede. Al escuchar hablar a alguien en amargura siempre pienso que los seres humanos somos como un vaso… cada ofensa es una pequeña dosis de amargura… al igual que un vaso nos llenamos gota a gota hasta que rebalsamos sin poder controlarlo.
O quizás sí tenemos control.

Una verdad innegable es que aquellos que se amargan terminan exportando su sabor a todos los entornos en los que se desenvuelven y enturbiando todas las relaciones personales que sostienen. Si las ofensas de tu pareja (o de quien sea) te han amargado, las amargas consecuencias las sufrirán tus hijos, tus compañeros de trabajo, tus empleados, tus jefes, tus amistades, tus hermanos en Cristo, tus vecinos, tu perro, tu gato, los conductores de otros vehículos a tu paso… ¡ah… y especialmente la sufrirás tú mismo!

Esta noche te animo a echar un vistazo a tu corazón… o quizás deba decir, te animo a que trates de paladear el sabor que el mismo despide. Si vives constantemente en la aflicción y disgusto característico del que se siente ofendido (aún cuando no hayan nuevos eventos en tu vida que lo provoquen) es porque tu vaso está demasiado lleno. Existe incluso la remota posibilidad que todo se deba a tu exagerada sensibilidad… o quizás quienes te ofendieron ya quedaron atrás de tu realidad… tal vez “la gota” siga cayendo implacablemente día a día. No importa. El que sale más dañado eres tú… y de paso dañas a quienes no tienen culpa en todo el lío de tu alma.
Si es así, ha llegado la hora de quitar de ti la amargura.

¿Cómo se hace algo así?… aunque desde ya te digo que el pasaje que estudiaremos este próximo domingo por la mañana en VidaNueva nos sumergirá por completo en el tema, espero que tú y yo hablemos de eso mañana por la noche…  pero por ahora me he quedado sin espacio suficiente para contestar una pregunta como esa.

 

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “Pensamientos sobre la amargura…

  1. Pingback: La solución a la amargura… |

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s