Trabajo duro…


Este domingo por la mañana estamos volviendo a la serie llamada “Como Mantener un Carácter Bajo Control” (Efesios 4) en VidaNueva San Salvador. Como sabes, hemos ido “desmenuzando” el pasaje versículo por versículo tratando de entender y aplicar su contenido a nuestras vidas. En este caso el texto que nos ocupará es solamente el versículo 28, que literalmente dice:  “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad”

¿De qué habla este versículo?
Bueno, me atrevo a decir que 90% de las personas dirían que el tema principal del texto en el versículo 28 es el hurto... pero -aunque el versículo sí menciona el hurto- apenas es un tercio de todo lo expresado en él. Hurtar es -en este pasaje- un medio para “tener”… y al deseo de “tener” se le llama codicia. Hurtar es tomar o retener bienes ajenos contra la voluntad de su dueño, sin intimidación en las personas ni fuerza en las cosas. Es quedarnos con lo que no nos pertenece, por lo que no trabajamos, ni nadie nos consideró dignos de recibirlo… al menos no lo suficiente como para trabajar por ello y dárnoslo. No es entonces extraño que la solución que la Biblia da al hurto no es la honestidad, ni el contentamiento… sino el trabajo… pero no solo el trabajo… más bien el trabajo duro. El término griego usado para el comando de trabajar bien podría traducirse como trabajo duro, gran esfuerzo; desgaste -literal o figuradamente… dolores… labor, tribulación, fatiga. Es como si Dios nos dijera: si quieres tener algo no tienes derecho a tomarlo, ¡trabaja duro por ello!  Hace un par de siglos llamaron a tal actitud “la ética protestante del trabajo”. Ah… y como consecuencia de la obtención de lo que buscas dice el pasaje, debes aprender a ser generoso y compartirlo con quienes no tienen la oportunidad de trabajar como tú.

Mares de tinta -principalmente en obras de Sociología y Economía- se han gastado para explicar todas las implicaciones de este concepto. No quiero entrar en política… pero este trozo -junto con el pasaje de 2Tesalonicenses que dice “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma”- dejan bastante en evidencia la responsabilidad individual de productividad humana. Que quede claro: en el cristianismo no hay lugar para los ladrones, no hay lugar para los haraganes y no hay lugar para los mezquinos. Y hay mucho lugar para quienes quieren trabajar duro y compartirlo con los que no pueden hacerlo.

¿Hurtas? ¿Trabajas duro? ¿Eres generoso con quienes no pueden trabajar?
Espero que con honestidad seas capaz de contestar afirmativamente a dos de las tres preguntas… y que sean las dos correctas.

Nos vemos mañana.

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