¿Eres violento con los que no debes?


Esta noche estamos llegando al análisis de la tercer actitud humana que es aborrecida y abominada por Dios según la lista de “siete cosas” que establece Proverbio 6:16-19. Las primeras dos fueron “los ojos altivos” y “la lengua mentirosa”… hoy nos ocuparemos de “las manos derramadoras de sangre inocente”.

  1. Primero lo obvio: Dios aborrece y abomina la violencia innecesaria. En este caso es una evidente referencia a la violencia física volcada sobre aquellos que no la buscaron… y que no la merecen. Los llamados indefensos (sean esposas vapuleadas, niños desvalidos o ancianos desprotegidos) tienen y tendrán a alguien que les defenderá… y que cobrará venganza sobre sus agresores si no en esta vida, en la próxima. En el contexto del Antiguo Testamento este “derramamiento de sangre inocente” casi siempre era atribuido al mal social resultante de la suma de las violencias individuales. Piénsalo, la aplicación no ha cambiado. No te engañes, Dios abomina lo que sucede en nuestras tierras en lo referente a la violencia. No te engañes, Dios abomina nuestra violencia -sea de pensamiento, palabra o acción. No te engañes, si eres un bravucón con los que comparten tu pequeño mundo te advierto que te estás metiendo en líos con quien no te conviene: el mismísimo Dios que aborrece la violencia innecesaria, pero que cuando es necesario “desmenuzará con vara de hierro” a quienes se le oponen y de quien se dice que “¡horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” y que dice “mía es la venganza, yo pagaré”. Como dice un viejo amigo: esta no es una amenaza, porque las amenazas a veces se hacen y no se cumplen…esta es una realidad que te sucederá si eres violento con los que no debes.
  2. Lo no tan obvio, Dios aborrece que se rehuse el sacrificio de Jesús. Hmmmm… no sé si alguna vez lo has analizado pero … aparte de la sangre de Jesús, no hay nadie que tenga “sangre inocente” en el universo entero. Lee las palabras de Judas en inútil remordimiento luego de entregar al Rey:  “Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!” (Mateo 27:3-4) Nada más violento que el sacrificio al cual Jesús se sometió en la Cruz por nosotros… nadie con sangre más inocente que Jesús, nuestro Salvador. Nada más detestable que el rechazo intencional, consciente y calculado del derramamiento de la sangre inocente. Nada más insensato… ni con consecuencias más espantosas en la eternidad.

Esta noche te animo a reconsiderar el carácter violento que explota en acciones contra los que no se lo merecen. Aunque creo que la gran mayoría que lee este blog son seguidores del Rey, nunca está demás decir que si no le has rendido el dominio completo de tu vida estás haciendo que la sangre que pagó por ti sea derramada en vano. Te animo a que le entregues tu vida a Él… nunca te arrepentirás de hacerlo. Pero si no lo haces… recuerda: “¡horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!”
Por cierto, esta no es una amenaza… es una realidad inescapable.

Nos vemos mañana.

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