Poder, autoridad, influencia, señorío…


¡Que buena clase esta noche en el Seminario! Como te dije ayer, en la materia de Ministerio Pastoral tocamos hoy uno de esos temas picantes… de los que no se tratan abiertamente tan a menudo como se debería. ¿De dónde proviene la autoridad de un pastor?…¿es el ungido de Jehová o el sirviente del pueblo?…¿puede un pastor “mandar” en su congregación?… ¿que significa que no se enseñoree de la Iglesia?.

Lamentablemente estas son algunas de las preguntas que -a través de los años- he tenido que contestar a personas que no estaban en la seguridad de una clase de seminario, discutiendo conceptos para su crecimiento personal. Estas interrogantes -y otras similares- se me han formulado por quienes han estado sumergidos en un conflicto con su pastor y se sienten confundidos por las actitudes que no se esperan de un siervo de Dios. Triste, pero real.

En la clase discutimos hoy los conceptos de poder, autoridad, influencia y señorío… y las implicaciones que cada uno de estos acarrean cuando son usados dentro de los parámetros bíblicos o cuando son abusados en medio de las más puras manifestaciones de carnalidad humana. Acá te van algunas de nuestras conclusiones:

  1. El poder es la habilidad para lograr algo, la autoridad es el derecho para hacerlo, la influencia es la fuerza moral para hacer que suceda. El señorío es el dominio o mando sobre algo… Jesús tiene el señorío absoluto, pero hay otros “señores” con autoridad delegada.
  2. La autoridad es el derecho para usar el poder, el poder sin autoridad es ilegítimo, la autoridad sin influencia es frustrante, el señorío otorgado por la autoridad es válido.
  3. La máxima autoridad en la Iglesia -cualquier Iglesia local- es Jesús. Punto. Esto no es un juego de palabras, ni debe ser torcido por un juego de palabras.
  4. El poder en la Iglesia debe provenir de Dios; si viene del hombre es carnalidad. La Autoridad debe surgir de la Palabra; si surge del hombre es usurpación. El pastor no debe tener ni poder ni autoridad en sí mismo pero sí debe tener la influencia para hacer que la autoridad de Dios se ejecute en el poder de Dios.
  5. Al pastor se le da autoridad para edificar (solamente). Se le da la responsabilidad de guiar con su influencia sobre el fundamento de la Palabra. Nunca se le da señorío… por el contrario, enseñorearse se le es expresamente prohibido. Por eso, pastorear bíblicamente es una tarea delicada no recomendable para quienes no quieren ganarse el derecho de influenciar a sus congregaciones por medio de una conducta irreprensible.
  6. La relación pastoral con las ovejas es de cuidado y de enseñanza. La sumisión al pastor está siempre ligada con su responsabilidad de velar por el alma de la oveja o de ser ejemplo de la grey.
  7. Estos principios son a menudo violados por ignorancia de la Palabra. A veces son violados por picardía de algunos pastores. Dentro de la iglesia local se usa comúnmente el temor, fuera de la iglesia local (en los grandes círculos cristianos) se usan los sentimientos. Ambas vías corren son producto de una misma estrategia: la manipulación.

Pastorear no es difícil. Se trata simplemente de renunciar a mi autoridad personal y descansar única y solamente en la autoridad de la Palabra, comprendiendo que no tengo el poder para  mandar en la vida de la gente pero puedo influenciarles con mi propia vida.

Un pastor que se sale de estos parámetros se complica la vida.
Definitivamente… ¡no es algo que recomiendo!

Nos vemos mañana.

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