Cantando en la playa… (Habacuc 2)


Esta es la segunda noche que pasamos con la familia en la playa… aún mientras escribo este blog puedo escuchar el arrullo de las olas del mar, y pienso en que el día fue super-relajado… dormimos hasta tarde, y me desperté justo a tiempo para participar de un mini-torneo de Monopoly con Patty y Julito… pero en una versión de cartas que nunca había jugado -¡ay, como hemos cambiado!-. Luego pasamos el típico día de descanso en el mar, con siesta en hamacas y larga caminata por la arena recogiendo conchas de mar incluidos. En la tarde, mientras esperábamos la puesta del sol y tomábamos fotos, Patty y yo nos quedamos sentados en un tronquito por la arena mirando la inmensidad del imponente mar y ella… ¡se puso a cantar! Por si no la conoces, debes saber que Dios le regaló a mi esposa una voz privilegiada… creo que lo hizo para complementar el corazón especial que puso en ella. La canción que Patty cantó vino del pasado -uhhh… 25 años al menos- y es literalmente el texto de Habacuc 2:14 que dice:

 Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar. 

Contemplar el mar en las playas salvadoreñas es impresionante. Aunque estamos en el Océano Pacífico, pareciera que quien le bautizo con tal nombre tenía muy buen sentido del humor: El Pacífico no es pacífico. Es imponente, es abrumador, es inquieto… es cualquier cosa, menos pacífico. El mar domina completamente el horizonte. El texto de Habacuc se adapta muy bien a nuestro mar… es una evidente referencia al milenio… pero su contexto es una advertencia contra aquellos que se rebelen contra el Rey. Léelo. El capítulo 2 de Habacuc está plagado de señalamientos a la naturaleza humana… y aunque todas apuntan a un cumplimiento profético futuro, también tienen una aplicación devocional actual. El profeta habla desde el versículo 4 de aquel cuya alma no es recta… del traicionero que es dado al vino… del rebelde y sedicioso que arenga a los pueblos… y advierte que su fin será catastrófico. Yo sé que es profecía… pero, ¿no es así también la vida? En el versículo 9 Habacuc vuelve a la carga y pronuncia un ¡ay! sobre aquel que codicia ganancias injustas para su casa a fin de “poner en alto su nido”… luego viene otro ¡ay! contra el que edifica una ciudad con sangre…  en el versículo 14 aparece otro ¡ay! contra quien da de beber licor a sus amigos y un ¡ay! adicional para quien en su embriaguez se pervierte sexualmente. Un último ¡ay! está puesto en el versículo 19 contra quienes ponen su confianza en un ídolo (tú conoces a muchísimos en esta categoría)… pero dos versículos sobresalen para darnos consuelo. Como Patty cantó hoy… esto cambiará algún día… la tierra entera será llena del conocimiento de la gloria de Jehová. Conocer su gloria cubrirá toda la maldad del hombre (arrasándola, por cierto) como el mar lo cubre todo. La garantía de todo está en el último versículo de este espectacular pasaje:
Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra. 

La próxima vez que veas la maldad de la naturaleza humana en nuestra sociedad y pienses “esto no se va a componer nunca” te animo a que recuerdes Habacuc 2:14. Los ¡ayes! pasarán. El conocer la gloria de Jehová hará la diferencia.
Me alegro tanto que Patty lo haya cantado hoy… pone al mar -al menos para mí- en una perspectiva muy distinta.


Nos vemos mañana.

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