Lecciones desde el arca de las ofrendas…


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Ahora sí…

Todos los pastores tenemos temas que nos encanta predicar…son verdades que uno llega a conocer a fondo al pasar los años… si prestas atención verás como el pastor de tu iglesia tiende a gravitar hacia estas verdades de manera casi automática. Esa es una de las razones por las que la predicación expositiva es tan importante… nos obliga a los predicadores a tratar “todo el consejo de Dios” y no solamente los tópicos que más nos gustan personalmente. Igualmente, todos los pastores tenemos temas que no nos gusta predicar… verdades a las que rehuimos darle el espacio de forma natural. Una vez más, si no fuera por la predicación expositiva de libros completos de la Biblia, tales temas terminarían siendo descuidados e ignorados a causa de las preferencias personales de cada pastor.

Te confieso que a mí no me gusta hablar de dinero desde el púlpito. Entiendo muy bien en mi cabeza que es un tema importante y que debe ser tratado como cualquier otro… pero simple y sencillamente no me gusta hacerlo. Sólo predico del tema cuando el texto me conduce a hacerlo… sólo cuando la idea central es “dar” y me es imposible evitarla. Bueno… esta mañana, llegamos al texto de Marcos 12:41-44 en el que Jesús vio al pueblo ofrendar mientras se encontraba sentado delante del arca de las ofrendas. Así que… tuve que predicar de dinero. Llamé al mensaje con el título de este post: Lecciones desde el arca de las ofrendas.
¿Qué aprendimos?… ahora te cuento.

El texto en mención nos muestra tres lecciones sobre el dar… tres tipos de personas… tres tipos de condiciones… tres actitudes a la hora de darle a Dios

  1. El pueblo judío daba por obediencia. Aprendimos esta mañana que “darle” a Dios era una parte integral del sistema religioso judío. La nación estaba obligada a dar un sistema de diezmos que podía llegar a cubrir hasta el 30% de su ingreso. Aunque Dios les había dado la oportunidad de darle voluntariamente por medio de “ofrendas extras” (arriba de sus diezmos regulares), la motivación de la gran mayoría era plana y llanamente la obediencia a la ley. Este es el nivel más básico en la adoración del creyente a Dios incluso el día de hoy. La pregunta que quedó para todos esta mañana es ¿qué te impide ser obediente?… creo que la misma es válida para ti.
  2. Los poderosos daban por abundancia. Textualmente, el pasaje dice que “muchos ricos daban mucho”. Antes de desdeñar este punto pensando que tú no cabes en esta categoría deténte un momento y piensa en el significado de riqueza. Este es un término relativo que describe no la cantidad de dinero que tienes, sino la realidad de que tienes abundancia más allá de lo básico. En otras palabras, si tienes más que comida y techo… tienes abundancia. Piensa en todos esos zapatos que tienes en tu closet… o esas camisas sin usar que están colgadas en tu armario. Dale una mirada a tu mundo y verás que tienes abundancia. Tú podrías ser uno de esos “muchos ricos que daban mucho”… si quisieras. ¿Qué te impide dar de tu abundancia?
  3. La viuda pobre dio por fe. Dio todo lo que tenía. Lo que dio apenas tenía valor económico… pero Dios no ve el valor económico, sino la disposición al sacrificio. No hay cantidad -por astronómica que sea- que pueda impactar a Dios; pero cuando lo que das es algo que tiene un costo sacrificial para ti… entonces llamas su atención porque él puede ver la fe que te mueve a obrar de tal manera. ¿Qué impide tu fe?… es algo que debes determinar por ti mismo.

Esta noche te animo a que veas en tu propia realidad y te digas en cual de las tres categorías encajas. Personalmente creo que las tres son buenas… las tres son necesarias… y las tres dependen del nivel de compromiso o madurez que hayamos alcanzado en la vida cristiana.
Sólo te animo a que no seas sorprendido por Dios en la triste realidad que no perteneces a ninguna de las categorías.
No me gusta hablar de dar… pero veo en la Biblia que si no das, no adoras. Punto.

 

 

Nos vemos mañana.

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