Enfócate en lo que has avanzado, no en lo que todavía hace falta…


Como te dije el otro día, esta es una semana de “poner la casa en orden” en cuanto a planificación y organización se refiere. El asunto ha resultado más agotador de lo que me había imaginado… las reuniones se han sucedido -casi interminablemente- y creo que he hablado con alguien en algún momento de casi cada tópico en el ministerio. En resumen: nos hace falta dinero, nos hace falta tiempo, nos hacen falta recursos… pero nos sobran oportunidades para hacer ministerio. En cuanto a la planificación, al final del día, tengo esa sensación de que “nos falta demasiado para terminar” (¿la has sentido alguna vez?)… así que estoy tomando la decisión de utilizar un consejo que recibí hace muchos años:

Enfócate en lo que has avanzado, no en lo que todavía hace falta.

No sé tú, pero creo que un principio así es una de las actitudes básicas en la vida de un creyente. Llámame “optimista empedernido” (o como quieras)… pero creo que cuando una persona -especialmente un líder- tiene su enfoque siempre dirigido a “todo lo que nos hace falta”, sus sentimientos de afán y de frustración serán rápidamente destilados sobre quienes le acompañan. Esta tarde -por ejemplo- tuve una reunión que sirvió sólo para “abrirnos los ojos” y mostrarnos que tan lejos estamos de alcanzar uno de nuestros proyectos. Me alegra de que -por lo menos- mis ojos están abiertos… eso en sí es un avance ¿no crees?

Esta noche quiero desafiarte a observar el mundo en el que te desempeñas utilizando este enfoque. Mira a las personas y evalúalas por lo que han avanzado… no te enfoques en lo que “todavía les hace falta”… mira tu carrera, tu empresa, tu ministerio y trata de regocijarte por el avance logrado en vez de frustrarte por lo que aún no has logrado.
Y luego, pon manos a la obra y sigue avanzando.

Allí te dejo la inquietud…

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “Enfócate en lo que has avanzado, no en lo que todavía hace falta…

  1. Lo mismo hizo Jesús, nos ve como vamos a llegar a ser y no como somos hoy, y de allí la esperanza de la gloria en la vida eterna: Si Dios nos ve así ¿por que no nosotros?, interesante reflexión.

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