Bajo presión… ¿Hurtas? (IV)


Como hemos estado hablando estas noches al analizar la parte final de Efesios 4, cuando carecemos de la madurez para manejar las presiones de la vida nos metemos en líos descomunales. Si este es tu caso no te desanimes… todos pasamos por esto… todos tenemos presiones grandes… las formas en las que la presión se manifiesta en mi vida son diferentes a las tuyas pero te aseguro que el tipo de conflicto es similar. Te confieso que a menudo me veo a mí mismo en la lucha eterna en la que la carne clama por reaccionar conforme a la pasada manera de vivir. Así que, si estas en esta batalla…¡bienvenido al club!

Ya vimos que la presión adecuada nos hace mentir y nos hace perder el control de nuestro enojo. Ahora Efesios 4:28 nos instruye diciendo “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad” y presenta así un aspecto más de nuestra lucha:

Cuando estamos bajo presión… hurtamos.

¡Alto! No dejes de leer. No cambies de sitio web o apagues la computadora pensando…”ese no es mi problema”. A través de los años he observado como los creyentes latinoamericanos estamos dispuestos a reconocer casi cualquier tipo de pecado -desde el adulterio hasta el egoísmo, desde la mentira hasta la pornografía- pero cuando alguien se atreve a siquiera insinuar que somos ladrones inmediatamente nos indignamos. He visto -de primera mano- a creyentes atrapados in fraganti en situaciones de robo que se molestan porque alguien les llama “ladrón”… ¡increíble!

Definamos. El hurto es técnicamente diferente al robo… ¿lo sabías? La palabra “robar” es uno de esos términos que se coló en nuestro idioma proveniente del Alemán y que originalmente implicaba “saquear o arrebatar”. La Real Academia de la Lengua Española define robar como “Quitar o tomar para sí con violencia o con fuerza lo ajeno”. Es poco probable que tú y yo lleguemos al extremo de ser asaltantes, saqueadores o ladrones a mano armada operando en alguna oscura esquina de nuestra ciudad. Pero este tipo de robo NO es a lo que se refiere el texto. Los traductores de la Biblia apropiadamente usaron el término “hurtar” porque este describe a quien “Toma o retiene bienes ajenos contra la voluntad de su dueño, sin intimidación en las personas ni fuerza en las cosas”. Lo hace a hurtadillas… de manera furtiva… sin que nadie lo note. Al final de cuentas se llega al mismo fin… uno se queda con lo que no le pertenece; tan ladrón es el que roba como el que hurta. La diferencia radica en que el que hurta no mancha su reputación… es robo a mano desarmada.
Y allí entramos muchos de nosotros.

Hurtamos de muchas maneras. Yo sé lo que estás pensando… hurtamos tiempo, oportunidades… nos quedamos con el crédito que le pertenece a otro. Esto está mal… pero creo que el texto implica principalmente hurto de dinero o de valores. Lamento mucho decir que conozco a demasiados creyentes que hurtan precisamente eso: dinero y valores. Ante la presión de “ser como los demás” hay jóvenes cristianos que hurtan el celular o el iPod de alguien en su grupo de jóvenes. ¡Cuanta inmadurez! ¿no crees? Son como los niños que toman de la propina que sus padres dejaron en la mesa para el mesero que les atendió o roban de la gaveta en la que su abuela guarda el cambio en monedas. No necesitan el dinero… pero se vuelven ladrones por una presión que ni siquiera vale la pena. También he conocido de diáconos que hurtan de las ofrendas de sus iglesias (¡que falta de temor a Dios!) y lo justifican por la presión económica en sus casas. Esa misma presión hace que creyentes en Jesús tomen de la caja registradora del lugar en el que trabajan… que empleados “retengan” pagos de su empresa para usarlos para su propio beneficio… de personas que toman prestado y no pagan. Ninguno usa violencia. Ninguno usaría un arma para atracar. Ninguno se pondría un antifaz o formaría parte de una banda de asaltantes.
Pero todos son ladrones.

Por supuesto, los ladrones más comunes entre los cristianos son los que simplemente se quedan con los diezmos y las ofrendas que le pertenecen a Dios. Algunos argumentan la presión de la escasez económica. Demasiadas veces he oído el razonamiento de que “si diezmo, no me alcanza para el gasto”. ¿Falta de fe?, quizás. ¿Inmadurez?, tal vez. ¿Ignorancia?, probablemente.
Sin embargo… hurto es hurto.

¿Cuál es la solución para este problema? Bueno… para resolver la realidad de la escasez financiera la Biblia es simple: Trabaja. Si no deseas trabajar no tienes derecho a comer. Para resolver el problema de “hurtar” la respuesta es un poco más compleja: Madura. Puedes empezar a hacerlo volviéndote más generoso con lo que tienes… aunque sea poco. Reconócelo… no hay lugar en el reino para los tacaños y mezquinos. Te animo a que pongas en marcha hoy mismo una actitud en la que estás más interesado en dar que en recibir.

Allí te dejo la inquietud…

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “Bajo presión… ¿Hurtas? (IV)

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