Dios nos tiene paciencia, pero…


Cuando alguien te ataca, te rechaza, te menosprecia, te ofende, o simplemente te ignora…¿como reaccionas? Y si -para ir de mal en peor- este alguien es un “igual” a ti (amigo, hermano, compañero) o un subalterno tuyo en la vida (hijo, empleado, ayudante, etc.) ¿qué haces? ¿Hasta donde estás dispuesto a tolerar? ¿Cuanta paciencia tienes antes de poner un “alto”? ¿Qué se necesita para que en tu vaso caiga la gota que derramará el contenido? Si eres una persona normal lo más probable es que cada una de estas preguntas tienen en tu vida la respuesta que yo les daría: no disfruto una situación de ese tipo… y tengo muy poca tolerancia. Más temprano que tarde perderé la paciencia y “pondré las cosas en su sitio”… y muy probablemente terminaré teniendo una actitud errada y un corazón viciado por los malos sentimientos.

En preparación para lo que estudiaremos este domingo en VidaNueva (la Parábola de la Viña y los labradores malvados) he estado considerando la paciencia de Dios…  me refiero a la PACIENCIA (así es, en mayúscula y negrillas) que él demostró a través de todo el Antiguo Testamento para con su pueblo… rasgo de carácter que todavía continúa demostrándonos a nosotros “a quienes nos han alcanzado los fines de los siglos”. Toma por ejemplo un pasaje como 2Crónicas 36:15-16… lee detenidamente la manera como el Rey actuó consistentemente antes de que “no hubiera ya más remedio” :

Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio. 

Nota los elementos allí presentes… Dios envió constantemente sus mensajeros al pueblo (uno tras otro, a lo largo de siglos)… él tenía misericordia. Israel no era nada (menos que nada) ante Dios… pero sus habitantes no apreciaron la tremenda paciencia con la que eran tratados. ¿Cómo reaccionaron los Israelitas?… como lo hacemos nosotros día a día: con evidente menosprecio y burla por la propuesta divina para el hombre.

Dios nos tiene paciencia, pero tarde o temprano se agota de tolerar nuestros rechazos. Esa es la historia del Antiguo Testamento… la del Nuevo Testamento y la de la vida diaria. Sí mi hermano, Dios también es capaz de agotar su paciencia… y entonces, no hay más remedio. Cuando la paciencia de Dios desaparece, su juicio se hace presente.
No sé tú, pero yo prefiero su paciencia.

Allí te dejo la inquietud

Nos vemos mañana.

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