Jeremías 8:18 y “El Dios del Antiguo Testamento”…


Días como hoy me hacen recordar que Dios es bueno. Como te dije anoche, hoy prediqué los 4 servicios de VidaNueva San Salvador y percibí -en cada uno de ellos- mucha sensibilidad a la Palabra de Dios. Me gustó. El resto del día fue bueno… un poco de descanso por la tarde y un rato en la Palabra -a solas- saboreando precisamente lo bueno que es Dios y aprendiendo un poco más de Él (me gusta cuando puedo hacerlo sin presiones). La noche está terminando igualmente bien; como un dato curioso, este es mi post 1300 escrito de forma consecutiva… 1300 noches en las que he tenido la salud suficiente para poder plasmar unas cuantas líneas y compartir la vida “desde un ángulo un poco diferente”.
Dios es bueno. Punto.

Como te dije, esta tarde pasé un rato fascinado leyendo la Biblia… el pasaje al que Dios me llevó fue uno que en mi estudio de esta semana “saltó” de las páginas y me hizo desear detenerme un rato para masticarlo mejor. Me refiero a los capítulos 7 y 8 de Jeremías… uno de esos trozos en las Escrituras en las que Dios aparece como el Juez de Israel en su máxima expresión… señalando el pecado, mostrando los errores, estableciendo culpas… ¡terrible!. Los israelitas del tiempo de Jeremías -la generación que terminó en el cautiverio- fueron de los más torcidos de la historia de la nación… religiosos hasta los tuétanos pero totalmente perdidos en impíos. En estos capítulos Dios les señala su error de confiar en la religión que tenían exhortándoles con frases como “No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este” (7:4) A pesar de su templo y su religión los de Israel tenían caminos y obras completamente contrarios al corazón y a las órdenes que Él les había dado. No es difícil afirmar que estos padecían de un caso clásico de religión sin relación con Dios. Lo que viene a continuación son unos 40 o 50 versículos de advertencias y declaraciones sobre el pecado del pueblo y sus consecuencias… algunas de estas consecuencias son espantosas… por ejemplo “He aquí que mi furor y mi ira se derramarán sobre este lugar, sobre los hombres, sobre los animales, sobre los árboles del campo y sobre los frutos de la tierra; se encenderán, y no se apagarán (7:20)”… o “Y haré cesar de las ciudades de Judá, y de las calles de Jerusalén, la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del esposo y la voz de la esposa; porque la tierra será desolada (7:34)”… Dios dice que el juicio será tal que esa generación “escogerá la muerte antes que la vida”… que sus cadáveres “no serán recogidos ni enterrados; serán como estiércol sobre la tierra” y que él los “ha destinado a perecer”. Como ves, este es uno de esos tramos de la Biblia que hace que muchos crean que Dios es un juez que se deleita en derramar su ira sobre los pecadores… tú sabes… algunos le llaman “el Dios del Antiguo Testamento” como si se tratara de uno distinto al del Nuevo Testamento… hablo de aquellos que imaginan al Dios de (toda) la Biblia siendo semejante a un dios del Olimpo sentado en el cielo con un rayo en la mano siempre dispuesto -y deseoso- de fulminar a los que él considera malos. Tal percepción está errada.
Ese… no es el Dios de la Biblia.
Dios es bueno. Punto.

Entre tanto juicio -justo, por cierto- una pequeña ventana se abre en Jeremías 8:18… una ventana que nos permite ver el corazón de Dios… lo que él siente cuando tiene que ejercer su papel de juez sobre aquellos a quienes él ama. El texto dice:

“A causa de mi fuerte dolor, mi corazón desfallece en mí”

¡Wow! Piensa en el Dios del universo… con el derecho -y el deber- de castigar el pecado… declarando que “esto me duele… y me duele fuertemente… me duele tanto que mi corazón desfallece en mí”. La próxima vez que escuches a alguien hablar del “Dios del Antiguo Testamento” como que si de un tirano insensato se tratara recuerda este pasaje.
Dios es bueno. Siempre.
Aún cuando tenga que juzgarnos.

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “Jeremías 8:18 y “El Dios del Antiguo Testamento”…

  1. Ciertamente a Dios le duele el corazón al ver la maldad del hombre, como dice en Gen 6:5-6, tristemente la capacidad del hombre para la maldad es grande y a nuestro amado Dios le duele el corazón. Realmente me avergüenza y me entristece sobremanera la dureza de nuestros corazones. Gracias Señor por tu misericordia y amor, gracias por tu Hijo Amado.

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