Aprendamos de un buen hijo…


Vino Betsabé al rey Salomón para hablarle por Adonías. Y el rey se levantó a recibirla, y se inclinó ante ella, y volvió a sentarse en su trono, e hizo traer una silla para su madre, la cual se sentó a su diestra.
Y ella dijo: Una pequeña petición pretendo de ti; no me la niegues. Y el rey le dijo: Pide, madre mía, que yo no te la negaré.

El fragmento anterior (en 1Reyes 2) es la base de nuestro estudio para este día de las madres… el contexto muestra que la acción de Betsabé no está alineada con la sabiduría de su hijo… lo que pide a nombre de Adonías -hermano de Salomón pero hijo de otra mujer- está simplemente “fuera de lugar”. Salomón termina no otorgándole lo que pide… y Adonías termina -ughhhh- muerto. Pero, como veremos mañana, las actitudes de Salomón hacia su madre son muy dignas de imitar. Nota la dignidad que le otorga a su mamá… la manera como la trata como un caballero debe hacerlo con cualquier mujer simplemente por su naturaleza de ser mujer (toda madre es una mujer… algo que muchos hijos varones parecemos olvidar) y luego la sabiduría con la que obra… dándole la tranquilidad a su mamá del futuro de su hijo Rey.

Este es uno de los pocos casos en los que la Biblia nos deja entrever la relación de un adulto -un hombre de Dios- y su mamá… por alguna razón -cultura, historia, propósitos y hasta prejuicios- la Palabra guarda silencio sobre como fue la relación de Noé, Daniel o Job (los tres grandes del AT)… o de los 12 apóstoles… o de Pablo… o de casi cualquier otro con sus respectivas madres. Estoy seguro que fueron buenos hijos (hmmm…¿lo habrán sido?)… sólo en la eternidad lo sabremos. Sin embargo, en su gracia, el Espíritu Santo permitió apenas unas pocas ventanitas de atisbo para observar momentos como este: un hombre de Dios, con todo el poder humano a su disposición… más ocupado que cualquiera de nosotros, más importante que cualquiera de nosotros, con más presiones que cualquiera de nosotros… pero ante su madre practicó la filosofía que luego plasmara en una veintena de proverbios (en el libro de Proverbios, ¡claro!): Le dio su lugar con dignidad, la trató comprendiendo su naturaleza de mujer y -más importante que todo lo demás- actuó con la sabiduría que un hijo debe tener para darle tranquilidad a su mamá que todo saldrá bien.

En este Día de las Madres (lo celebres cuando lo celebres en el 2011) creo que la ventana que la Biblia nos permite para ver a Salomón en acción es un precioso desafío para todos aquellos que aún tenemos el privilegio y bendición de tener a nuestras madres con nosotros.
La mía, por cierto, es lo máximo que puede haber sobre la Tierra.

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “Aprendamos de un buen hijo…

  1. Julio, me hace recordar que tengo una gran madre. Una mujer de gran oración siempre de madrugada y por las noches. Aunque ahora está más viva que nunca en los brazos de su Señor, le extraño muchísimo…

    Un consejo muy oportuno para quienes todavía les disfrutan en su presencia física.
    Gracias.

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