Impuestos…


Su nombre lo dice todo. Se llaman “impuestos” porque no son “voluntarios”. Hoy fue el día en el que -finalmente- pude hacer tiempo para ir y saldar cuentas con el Ministerio de Hacienda para cumplir mi obligación (porque si no fuera obligatorio…¡quien sabe!) y rendir la declaración de mi renta durante el ejercicio fiscal anterior. Acá en El Salvador tenemos como plazo el último día de Abril para saldar cuentas con el gobierno. Te mentiría si te digo que disfruto haciendo filas y llenando formularios (por alguna razón, el sistema no me permitió llenarlo en Internet)… pero debo decir que a pesar de lo saturado de las oficinas me vi agradablemente sorprendido al encontrar que cada uno de los funcionarios con los que traté -sin excepción- fueron extremadamente amables… sabían lo que hacían, me dieron instrucciones exactas y cordiales, fueron rápidos y hasta sonrientes… definitivamente no fue la clásica experiencia de trámites en el gobierno.

Jesús dijo que debemos dar al César lo que es del César. El dijo a Pedro que “para no ofenderles (a los recolectores tributarios)” pagarían el impuesto de dos dracmas… Pablo declaró que el gobierno civil debía ser apoyado por los creyentes con sus impuestos… textualmente dijo que “Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo.” Y que conste que hablaba de Nerón y sus secuaces. La lección es clara… paga tus impuestos incluso si no estás de acuerdo con el gobierno de turno que tienes como autoridad.

Por supuesto, hay otras razones para pagar los impuestos… así es como la sociedad funciona… si no los pagas vas a la cárcel y eres multado… y al final de cuentas terminarás pagándolos por las buenas o por las malas. Siempre he pensado que quienes no los pagan… o los evaden… o hacen trampa reduciendo las cantidades o con cualquier otra picardía fiscal o tributaria son como quienes van a un restaurante y huyen sin pagar la cuenta: ladrones aprovechados y tramposos. Peor aún… se van sin pagar la cuenta y somos los honestos quienes la pagamos.

Pero… ¿y si el gobierno se roba lo que yo le doy? ¡Que mal! Si hay alguien -desde el que me abrió la puerta hoy en el Ministerio de Hacienda hasta el Presidente mismo- que se robe un centavo de mis impuestos espero honestamente que todo el peso de la ley -humana y divina- caiga sobre él. Pero si yo no pago mis impuestos seré tan ladrón como ellos… y no creo que sea consistente decir que soy creyente y ser ladrón. Punto.

Impuestos. Lástima que no se llamen “voluntarios”… las cosas de la vida.

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “Impuestos…

  1. Hermano me encanta como analiza sobre la Palabra de Dios, si viviera en El Salvador, creame que seria un honor asitir a su Iglesia, mi Amiga Martha de Arriaza se congrega en su Iglesia, yo vivo en Bakersfield California, que Dios lo siga usando de esa manera y que reciba muchas bendiciones al lado de toda su Familia. Bendiciones

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