Una ley matemática espiritual…


El ministerio es gente. El valor de esta declaración consiste en que -al igual que una moneda- tiene dos lados que deben estar presentes.
Te cuento.

Como te suelo decir, he estado con la cabeza metida en la Biblia… pero en esta ocasión ha sido en tres flancos diferentes. Por un lado estoy preparándome para dar una conferencia a un grupo de los líderes de la Iglesia Evangélica en El Salvador, adicionalmente estoy preparando la clase de Seminario (El Ministerio Pastoral) en la que compartiré a mis estudiantes lo que la Biblia dice (y mi experiencia me ha permitido comprobar) que debe ser el trabajo de un líder espiritual… y encima de todo sigo estudiando (usando un nuevo sistema de predicación en equipo) los capítulos finales del libro de Marcos… es una locura, pero me gusta.

Te confieso que me ha costado “separar” estas tres áreas de preparación en mi cabeza… es que aunque tienen propósitos de exposición muy distintos a la vez están enormemente ligadas… aunque las audiencias (y el entorno en el que desarrollaré cada tema) serán diferentes, los objetivos son similares… todo apunta a la necesidad de desarrollar hombres y mujeres espirituales que sean verdaderos líderes en un mundo que necesita urgentemente del mensaje del Rey y de su reino. El ministerio es gente. Piénsalo. No sólo es para la gente, sino que es hecho por gente.

¿Sabes? por años he escuchado de hombres a quienes respeto muchísimo que “el ministerio es gente”. Siempre interpreté esta frase de la manera más evidente… hacemos el ministerio para cuidar a gente real, no para las estructuras o los sistemas religiosos, sino para personas de carne y hueso llenas de necesidades de todo tipo. Pero, estos días, al estar pensando en el Ministerio Pastoral y preparándome para cumplir los compromisos que te dije antes me he dado cuenta de un ángulo “un poco diferente” de la frase… digamos que he visto con claridad “el otro lado de la moneda”. Todo el ministerio de Jesús no depende de las estructuras, de los programas, de los presupuestos, de los planes, de las instituciones o incluso de las doctrinas de los que estamos al servicio del Rey. El ministerio es gente. Sin la gente adecuada no hay ministerio fructífero. Punto. Por eso es tan importante la calidad espiritual, moral, social… integral de los que somos líderes del movimiento llamado “cristianismo” acá en la Tierra. Cuando la gente que hacemos el ministerio (pastores y no pastores) somos deficientes, el ministerio es deficiente. Cuando la gente que hacemos el ministerio somos inmaduros y problemáticos, el ministerio está lleno de inmadureces y problemas. Cuando la gente que hacemos el ministerio somos un desastre, el ministerio es un desastre. El ministerio es gente.

Si esto fuera una ley matemática te diría que “la calidad del ministerio de una Iglesia es directamente proporcional a la madurez espiritual de quienes ministran”. Así es. La calidad del ministerio que se hace una nación es una consecuencia directa de la condición integral de sus líderes espirituales… o como lo ponían los santos de Dios en otros siglos: el estado de una nación es el reflejo del púlpito de sus iglesias.
El ministerio es gente.

Esta noche cierro con un pasaje con el que me he topado en mi estudio. El contexto histórico es muy judío… pero el deseo que sea una realidad espiritual para nosotros hoy en día es muy válida… muy necesaria. Jeremías 3:15 dice:

“y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia”

Solo puedo decir que deseo que este versículo sea -en algún día cercano- una realidad para mi país.

Nos vemos mañana.

4 pensamientos en “Una ley matemática espiritual…

  1. Julio:

    Deseo sinceramente que al dar el mensaje de Dios , el Espíritu Santo señale y desafíe al cambio de enfoque del ministerio en las tres audiencias… y especialmente al liderazgo

    Que el Rey te use.

  2. Gente, gente, gente, cada uno que pretenda avanzar en servir a Dios, de crecer en la relación con Dios ó de simplemente obedecerlo, debe de “gustar” de la gente, amarla, soportarla, disfrutarla, etc., etc., etc.

    Gracias Señor por “nuestra” gente.

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