Ahora, a predicar!…


Esta noche dimos por concluido el Módulo de Homilética II (Predicación Expositiva) que he estado enseñando estas últimas dos semanas. Esto de “dar clases de predicación” es algo que he venido haciendo periódicamente ya por varios años, tratando de perfeccionar las habilidades de predicadores novatos o experimentados por igual… es que estoy persuadido que la predicación expositiva es algo que uno “nunca termina de aprender”. En este caso en particular, la materia completa trataba del desarrollo de un set de 7 habilidades que son indispensables en el momento de la entrega del sermón (en complemento a las 12 habilidades aprendidas con el Dr. McDill sobre la preparación del sermón). Quizás nunca llegues a ser un predicador expositivo (o una predicadora, si eres una mujer que predicas a mujeres)… pero acá te dejo un extracto de las habilidades que estimulamos para su desarrollo en estas casi 40 horas de clase:

1. Un predicador debe tener contenido. El único contenido válido es el que proviene de la idea central del texto a exponer, sostenido por el argumento provisto por las ideas de apoyo del mismo texto. Un predicador (por buen orador que sea) sin buen contenido es tan inservible como un carro último modelo sin motor… no te lleva a ningún lado.
2. Un predicador debe llegar preparado. El corazón es lo primero que debe prepararse; pl predicador debe contestarse a sí mismo si está allí para su propia exaltación o para llevar la gloria a Dios por medio de comunicar el contenido de Su texto. Si el corazón está preparado, se verá en el resto del sermón. El predicador no preparado es evidente para todos… aunque él crea que nadie se da cuenta.
3. Un predicador debe saber como conectar con su audiencia. Si el predicador no sabe como hablarle al corazón a su audiencia y conectarla con la verdad de su texto de poco servirá el mensaje (aparte de ser una buena clase de información bíblica). Predicar es persuadir… y nadie es persuadido si no “se conecta” a nivel del intelecto, las emociones y la voluntad. En otras palabras, el buen predicador inspira. Punto.
4. Un predicador debe tener claridad. Lo que cambia a la gente es la comprensión de la verdad del texto aplicada con poder por el Espíritu Santo. Si el predicador es enredado, difícil de entender… o si su predicación es demasiado larga y complicada… pues.. ¡la verdad del texto no se entiende y el cambio personal no sucede! Simpleza y sencillez son esenciales en un sermón. Además, toma nota de la siguiente frase: “pensamiento difuso genera ideas difusas, ideas difusas generan comunicación difusa” (creo que mis alumnos escucharon esta frase unas 200 veces estas dos semanas)
5. Un predicador debe tener pasión. Pasión significa “padecer”… el predicador debe sentir la verdad del texto y “sufrirla en carne propia” antes de predicarla. Luego debe ver a su audiencia y “sufrir en carne propia” sus necesidades. Este sufrimiento generarán los sentimientos indispensables en la buena predicación… y el predicador tendrá una pasión que comunicar. De nada sirve un predicador insensible que entrega un sermón sin sentimientos a una congregación ya desensitivizada (aunque me temo que sucede muy a menudo)
6. Un predicador debe tener dominio de su audiencia. Saber ver a los ojos… saber controlar las interrupciones y saber usar el humor atinada y respetuosamente son apenas algunos aspectos de esta habilidad. Valga decir que esta semana enfatizamos el respeto que todo predicador debe tener por el púlpito y por la audiencia (creo que estoy cansado de predicadores majaderos y patanes… ¿tú no?)
7. Un predicador debe saber hablar. Hmmm… la dicción es tan difícil de cambiar (trata tú mismo!) Cada cultura tiene su cuota de vicios de dicción que están tan arraigados que… ¡no nos damos cuenta! Esta noche nos reímos de nosotros mismos al señalar algunos de los errores en la manera de hablar que tenemos… esta es una lucha incesante que todo predicador debe enfrentar.

Estos son -por supuesto- apenas los enunciados de las habilidades expuestos en forma de síntesis. Me complace decir que los 20+ estudiantes que cursaron la clase me sorprendieron por su deseo de aprender y su disposición a ser corregidos (a veces, de manera “brutal, pero con gracia”)… fue un honor ser un facilitador en esta etapa de su búsqueda por perfeccionar y refinar sus dones en la predicación.
Ahora, a predicar!… es que, aprender a predicar se hace predicando.

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “Ahora, a predicar!…

  1. Gracias a ti.
    Por el equilibrio que tuviste de reconocer las áreas fuertes y buscar remover lo que estorba el desarrollo y la entrega del sermón.
    Estar en el curso fue como renovar el compromiso de dedicar mas tiempo en pulir las habilidades de una mejor exposición para que la gracia de Dios capacite.
    Pero fue buenisiiiiiiiiiiisimo.

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