Efesios 4:30…


Efesios 4:30 es uno de esos pasajes que se cita a menudo en el mundo cristiano… a veces sin tomar en cuenta el contexto inmediato en el que está enclavado. Esta mañana tratamos de comprenderlo un poco mejor al estar predicando en VidaNueva el quinto y último mensaje de la serie “Bajo Control” (puedes escuchar la predicación en ibvn.org o  dando clic acá).
Te cuento.

Este versículo dice literalmente:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”

Tú sabes -por supuesto- las tres leyes más importantes del estudio bíblico. La primera es “el contexto”; la segunda es “el contexto”… y la tercer es “¡el contexto!” Así que, es importante que entendamos el contexto en el que Pablo escribió esta verdad. El contexto de Efesios 4:30 es el cambio de vida que un creyente debe tener despojándose del viejo hombre y revistiéndose del nuevo; este cambio tiene algunos elementos incuestionables: el creyente debe dejar la mentira, debe cuidarse de no ser controlado por la ira, debe procurar sus bienes en la vida por el trabajo honesto y no por el hurto… y debe quitar de sí la amargura. Específicamente, Efesios 4:30 fue escrito como un comentario a la orden bíblica de que ninguna palabra corrompida salga de nuestras bocas -malas palabras o expresiones destructivas de cualquier tipo. Es entonces que Pablo nos advierte que no debemos entristecer al Espíritu Santo y nos recuerda que con él fuimos sellados para el día de la redención. En otras palabras: el Espíritu Santo está con nosotros.
¿Simple?… hmmm, no lo creo.

La presencia del Espíritu Santo como la garantía (o arras) de que Dios redimirá la posesión adquirida (salvará nuestras almas y las llevará al cielo) implica que su presencia está constantemente con nosotros… o puesto de otra forma, que nosotros estamos permanentemente en la presencia del mismísimo Dios… 24 horas al día, 365 días al año, 7 días a la semana, 60 segundos de cada minuto. Ahora, piensa conmigo unos instantes. La presencia de Dios nos acompaña en cada instante de cada momento de nuestras vidas… y presencia cada una de nuestras acciones. No lo hace porque sea fisgón o porque esté allí como policía. Está presente porque es el regalo con el que el Padre nos ha garantizado que seremos salvos. Si decimos una mala palabra… la decimos en Su presencia. Si hacemos una crítica o usas del sarcasmo ofensivo… o manifestamos nuestra amargura de cualquier otra forma… lo hacemos delante del Rey de reyes y Señor de señores. Si  nos enojamos, airamos, gritamos contra otros, maldecimos o maliciosamente tratamos de dañar a alguien más lo hacemos delante de él.
¿Cómo es posible que nos atrevamos?

Su presencia debe ser respetada (¿o no?) si tenemos una onza del temor del que la Biblia constantemente habla. El recordatorio de Pablo de la realidad doctrinal de que hemos sido sellados con el Espíritu no es sino más bien un señalamiento del respeto que Dios mismo se merece. Punto.

Respeta a Dios mi hermano. Esta noche te animo -y me animo- a que nos conduzcamos en cada área de la vida con la plena conciencia de la presencia de Dios. Si eres un seguidor del Rey, él está sentado contigo leyendo esta computadora… y te acompañará en cada momento del resto del día; y del resto del año… y del resto de la vida.
Es hora que comencemos a tenerle respeto.
Allí te dejo la inquietud…

Nos vemos mañana.

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