Reparando males…


Hoy fue un “día de descanso” bastante ajetreado… algunas diligencias personales (incluyendo la renovación de mi Identidad Personal o DUI… algo que me tocó hacer “en segunda vuelta”)), algo de consejería, un poco de estudio Bíblico y una sesión de Discipulado 1 con uno de mis “antiguos” discípulos. Por alguna razón, Dios ha llamado mi atención en varias etapas del día a un mismo versículo (¿no te sucede a veces lo mismo?). El versículo en cuestión es Jeremías 2:13, que literalmente dice:

Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.

El problema de la nación en el tiempo del profeta Jeremías sigue siendo nuestro problema hoy… fue el mismo que ya antes había enfrentado Salomón (antes de escribir Eclesiastés)… y es el mismo que habrá entre este momento y la segunda venida del Rey… somos culpables de dos males.

Mal Número 1: Dejar a Dios… la fuente del Agua Viva. Por supuesto, este es uno de los pasajes que nos comprueban la deidad misma de nuestro Rey… él es el agua viva… quien debe ser la fuente de toda satisfacción en nuestras vidas. Piénsalo. Él da reposo, identidad, propósito, futuro, perdón, cambio, gozo, paz, significado, seguridad… la lista es tan larga que sería ridículo pretender plasmarla en estas pocas líneas. Es un mal cuando lo dejamos. Mejor dicho, nos hacemos un mal cuando lo dejamos. No es Dios el que sale perdiendo, somos nosotros!… pero es tan fácil sentir esa sensación de que casi le estamos haciendo un favor cuando lo buscamos, cuando abrimos su Palabra, ayunamos, oramos o vamos a la Iglesia… y es tan fácil “pasarlo por alto”. Nos hacemos un mal fatídico… y viviremos existencias insatisfechas… sedientas y secas. Si estás deprimido, emproblemado, decepcionado, “de bajón”, frustrado… si vives triste y sin gozo o simplemente estás en el franco proceso de descarriarte (aunque “guardes las apariencias”) te animo a que veas hacia atrás y trates de identificar el momento cuando dejaste de beber de la continua fuente del agua viva… y que repares el mal.
Pero allí no termina todo…

Mal Número 2: Cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua. Me gusta la manera exacta de hablar que la Biblia usa. No dice que encontramos una cisterna… la cavamos. Y no solamente la cavamos… la cavamos para nosotros mismos. Jeremías describe la manía milenial de la humanidad… la búsqueda de la satisfacción en los lugares equivocados. Nuestras cisternas no retienen agua… están rotas… son defectuosas (por no ser naturales)… y están destinadas a eventualmente dejarnos insatisfechos. ¿Quién o qué es tu cisterna?… déjame sugerirte que aquello en que has puesto tu esperanza para tu realización o satisfacción personal es precisamente lo que has cavado como un sustituto del Rey. No necesariamente son cosas malas… pueden ser tus hijos… o tu pareja… o tu ministerio… o tu éxito personal… puede ser tu negocio, tu carrera, tu trabajo, tu hobby… y tarde o temprano -te guste o no- empezará a gotear. Salomón diría que le hará… Puff!! Si te sientes frustrado con gente… o con tus circunstancias… es muy probable que seas culpable de hacerte este mal. Mi consejos es simple: Repáralo cuanto antes

Dos males… simples, comunes y autodestructivos males.
Que Dios nos muestre lo que hay que reparar.

Nos vemos mañana.

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