Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?


Esa fue la expresión con la que los discípulos del Rey le increparon mientras -justo en medio de una violenta tempestad marina- el Señor dormía “sobre un cabezal” en la popa de la barca. Puedes buscarlo en Marcos 4:35-41. La palabra “cabezal” suena dura y rígida para mí… pero, el término griego es proskephalaion y -para mi sorpresa- no quiere decir otra cosa sino “almohada”. Así es, Jesús dormía cómodamente en una almohada mientras sus discípulos pensaban que morirían ahogados por la tempestad. ¿Puedes imaginarte la escena?… la tormenta es llamada “una tempestad de viento”… el pequeño bote era alzado y arrojado por las olas… el agua entraba por ambos costados… además era de noche, lo que hacía todo más confuso y difuso… la orilla estaba demasiado lejos como para alcanzarla a nado… fue entonces que alguien preguntó por Jesús (esto es ya de mi imaginación)… y al irlo a buscar en la parte trasera del barquito lo encontraron plácidamente dormido sobre una almohada prestada (ya sabes, él mismo dijo que entre sus posesiones terrenales el hijo del hombre no tenía ni donde recostar su cabeza, así que debe haber sido prestada)… increíble.
Por eso, no te extrañes con la pregunta que surgió de labios de los discípulos: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?

¿No nos pasa a todos lo mismo? ¿No has dudado del interés de Dios en tu vida en los momentos más oscuros y confusos de la misma? ¿No te parece que Jesús debería hacer algo inmediatamente que la tempestad amenaza en tus circunstancias? ¿No te incomoda que los problemas estén tan crecidos que “ya casi hunden” tu realidad… y que Dios no hace nada? ¿No nos guardamos entre dientes la misma increpación que los discípulos hicieron?… Dios ¿por qué no haces algo?… Señor, ¿por qué no me sacas del “día malo”?… Maestro (¡Rabí!), ¿es que no te importo?
Arriba de esto, a veces un buen hermano te dice la frase “no te preocupes… Dios está sentado en el trono del universo” e inmediatamente tu carne piensa… ¿por qué entonces no hace nada?

Sé que sabes la respuesta. Jesús te ama. Él sí se preocupa por ti; él tiene cuidado de nosotros. Y -precisamente por eso, a veces- es completamente a propósito que continúa tranquilamente recostado sobre su almohada mientras nos amedrentamos. Él quiere lograr algo para nosotros. Una lección preciosa ¿no crees?.. pero que nadie quiere aprender en carne propia.

Estos días leí un pensamiento en una carta de reporte de Pablo Clark -un amadísimo hermano y amigo en Colombia- en la que informaba a todos del diagnóstico de cáncer que recién recibieron para JoAnne su esposa… ¡qué terrible tempestad! Pero los Clark son ciudadanos del Reino… entienden que el Rey puede parecer dormido pero no está inconsciente, así que Pablo cerró su carta con la frase:

“Los mejores regalos de Dios no son cosas sino oportunidades. A lo que nosotros llamamos adversidad, Dios le llama oportunidad”

Te confieso que me desafió mucho leerlo. Esta noche te animo a orar por los Clark… pero también te pido que -una vez más-sea cual sea tu circunstancia, te des cuenta que el Rey no está dormido… que no es incapaz de hacerse cargo de tu realidad, sino que tiene todo el poder para tomar control de lo que sea. Lo que los discípulos hicieron en esa ocasión nos da algunos principios para nuestra vida… pero eso es algo que veremos más adelante.

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?

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