¿Cómo ser un buen padre? (I)


Antes que nada quiero decirte que esta noche subí “Los Favoritos de Patty” para el mes de febrero. Como sabes, Patty me ayuda escogiendo 4 o 5 de sus entradas favoritas de este blog cada mes, de esa forma si quieres mantenerte al día pero no tienes el tiempo de leer todos los días –o si eres un visitante ocasional- puedes escoger un poco “de lo mejor del mes”. Para acceder a los favoritos de Patty ingresa al menú de categorías (“Lo que hemos visto”) o hazlo desde el link llamado “Los favoritos de Patty” o da clic acá.
Ahora sí, a lo nuestro…

Estoy preparándome para enseñar un estudio bíblico sobre el papel de los padres en la crianza de los hijos. Como una cosa curiosa, este ha sido un tema que ha surgido recurrentemente en estos últimos días en diferentes conversaciones con buenos amigos en la fe. ¿Cómo ser un buen padre? Creo que una de las cosas más difíciles en la vida cristiana es criar a nuestros hijos de la manera debida. Como sabes, Patty y yo hemos sido bendecidos con la responsabilidad de ser padres de tres hijos (dos chicas y un chico); te digo sin temor a equivocarme que entre todos los desafíos que Dios ha puesto en nuestra vida, ser padres es el mayor de ellos. Es que hay tantas oportunidades de formar su carácter en la vida como las hay de cometer errores garrafales que podrían dañarles permanentemente. Alguien ha dicho que si necesitamos una licencia para conducir un vehículo o una licencia para ejercer una profesión… ¡quizás no sería malo que tuviéramos que obtener una licencia para criar hijos! Bueno, yo no llegaría hasta ese extremo, pero a veces pienso que podríamos aplicarnos mejor nuestro corazón en esto de aprender a ser papás.

Si eres padre (especialmente si tus hijos aún están bajo tu tutela en casa) probablemente has pasado por los temores que todos los padres cristianos pasamos. Si aún no lo eres tienes la oportunidad de prepararte espiritualmente para saber qué hacer cuando te llegue tu turno. Cada uno de los desafíos con los hijos son solamente solucionables con la sabiduría espiritual que surge de estar en la Palabra… pero te confieso que aún estando en la Biblia constantemente a veces me siento torpe… sin saber exactamente qué hacer en cada caso de la vida. Cada vez que algo así pasa hay algunos principios que me ayudan a encontrar el rumbo más equilibrado en mi relación con ellos. Déjame al menos comenzar a compartírtelos esta noche.

1.        Dios nos dio a nuestros hijos para que los criáramos.(Efesios 6:4) Criarlos no es otra cosa que prepararlos para la vida… y esa es mi tarea principal. Tan evidente como esto parece, creo que es una verdad que a menudo perdemos de vista. Tendemos a pensar que Dios nos los dio para que los disfrutáramos, los educáramos (académicamente) o los consintiéramos. Pero no, la razón por la cual Dios escogió a nuestros hijos para nosotros es porque Él cree que somos capaces de prepararlos para cuando la vida toque a sus puertas… y nosotros ya no estemos. ¿Sabes? Este principio me ha ayudado a tomar infinidad de decisiones en mi relación con nuestros hijos. Darme cuenta que estoy formando su carácter (y que esa es mi tarea principal) me ha permitido ser severo en algunas ocasiones y “muy abierto” en otras.
2.        Criarlos requiere de un delicado equilibrio entre la disciplina y la amonestación del Señor. No hay fórmulas mágicas ni medidas estándar… es una mezcla de ambos elementos que debes descubrir cada día… lo que sirve con un hijo no funciona con el próximo. Las circunstancias, el carácter, la madurez y otra multitud de variables se combinan para que en cada caso nos veamos obligados a buscar el equilibrio. Una vez más… la clave para ser un buen padre cristiano es que no hay una clave. Todo es importante.
3.        La autoridad no es negociable. Puede ser que negocie los detalles de un permiso, los alcances de una decisión o cualquier otra cosa “operativa”… pero nunca, jamás, bajo ninguna circunstancias puedo ni debo negociar quién manda en nuestra relación. Dios delegó en Patty y en mí algo que es indelegable… y que –mientras vivan bajo nuestro techo- tengo la obligación de seguir ejerciendo… me refiero a mi autoridad bíblica de padre.
4.        Como padre entiendo que no debo pelear todas las batallas. Mi intención es ganar la guerra (me refiero a la guerra en la que el objetivo es prepararles para la vida). Si peleo cada batalla me desgastaré a mí mismo, los desgastaré a ellos y desgastaré la relación delicada de autoridad-amistad que debo tener con ellos. He visto como padres (y madres) se empeñan en querer corregir cada detalle en la vida de sus hijos… y terminan en una relación amarga en la que el padre está frustrado y el hijo resentido.
5.        Peleo las batallas por mis hijos, nunca contra mis hijos. Nunca son mis rivales, nunca mis enemigos, nunca me ofenden (aunque no están exentos de ser ofensivos), nunca son “el otro bando”. Aunque su posición sea contraria a la mía nunca están en contra mía… y yo no estoy jamás en contra de ellos. Quizás no les guste mi posición… pero ¡no hay problema! Cuando todo se ha dicho, las emociones se han asentado y el problema ha sido resuelto (no siempre a satisfacción de todos) sigo siendo el padre… y estaría dispuesto a dar mi vida por ellos.

Se me acabo el espacio… pero creo que es un tema que aún no se ha agotado, así que para hablar de esto mismo…

Nos vemos mañana.

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