1Samuel 22


Esta noche, antes de que Steve pasara a predicar a la Iglesia acerca del trono en el cielo (¡muy buen mensaje!), tuvimos un tiempo para orar por algunos de VidaNueva que están pasando por crisis severas. Mientras escribo este blog tengo ante mí una lista de al menos 10 casos graves de enfermedad (una de las familias ya experimentó la muerte de uno de sus hijos adultos)… el listado incluye infartos, cáncer, operaciones, columnas vertebrales maltrechas, enfermedades crónicas… mucho dolor. Leí esa lista a la congregación justo antes de orar… y mientras lo hacía estaba seguro que sentados ante mí habían otros muchos con situaciones similares, o aún peores. Es que, en cualquier congregación de tamaño mediano, no es raro encontrar mucho dolor… y no solamente a causa de la enfermedad. Igual que oramos esta noche por los enfermos, podríamos haber orado por los solitarios y/o abandonados (un dolor a veces peor que otros sufrimientos considerados “evidentes”), o pedido por los pobres o endeudados, o por los tristes… o por los afligidos por el futuro de sus hijos, o por los temerosos a la vida. Lastimosamente, en mi mente puedo elaborar otra lista de al menos 25 familias más en VidaNueva con situaciones aflictivas.

Pienso esta noche que la Iglesia (no sólo VidaNueva, sino la Iglesia en general) se parece un poco a la cueva de Adulam en 1Samuel 22:1-2. La Biblia nos dice allí que:

Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de Adulam; y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él.
Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres.

Como sabes, David es uno de los mejores tipos de Jesús en el Antiguo Testamento. El es el rey-pastor. De hecho, nuestro Rey se sentará literalmente “en el trono de David”. Pero antes de ser coronado rey (y justo después de fingirse loco delante de Aquis) David juntó bajo su mando a un grupo peculiar de gente. Estas eran personas como tú y como yo… cuya única salida está en refugiarse con Jesús. Me llama la atención las cuatro categorías que se describen en estos dos versículos:
1.        Estaban los afligidos. Esta palabra denota sufrimiento físico o pesadumbre moral. El hebreo implica “una estrechez”, alguien que está bajo presión (comprimido). No sólo habla de estar preocupado, sino de tener razones evidentes para la preocupación. Creo que muchos hoy podemos identificarnos con los afligidos de la cueva de Adulam. Vivimos presionados y apesadumbrados por razones físicas (como la enfermedad) pero también por causas emocionales. Adulam es un buen cuadro de la Iglesia…
2.        Habían los que estaban endeudados. Literalmente vendidos a un acreedor. Si tienes una tarjeta de crédito… entiendes muy bien este grupo. ¿Sabes? El problema con pertenecerle a un acreedor es que es muy difícil servir a tu Rey… sencillamente alguien más tiene el título de propiedad de tu vida. ¿Conoces a alguien así en tu iglesia?
3.        También quienes se hallaban en amargura de espíritu. Las palabras hebreas son MARA (maw-raw)… el nombre adoptado por Noemí la suegra de Rut, y NEPHESH literalmente el alma o el asiento más profundo de nuestra personalidad. Estos eran personas con sus vidas “echadas a perder” y con razones obvias para sentirse deprimidas. La vida sencillamente les había tratado mal. ¿No es esta la forma en la que la mayor parte de personas llegan a Jesús? Maltratados por la vida y amargados por los resultados. Si conoces a alguien así que no está en tu iglesia: ¡invítalo a unirse! Estoy seguro que encajaría perfectamente.
4.        Pero había un grupo más con David: su familia. El versículo 1 dice que sus hermanos y la casa de su padre vinieron allí a él. Lo increíble de esta historia es que igual que podemos identificarnos con los afligidos, endeudados y amargados, también podemos identificarnos con la familia de Jesús. Somos sus hermanos menores (Romanos 8:29) y queremos llegar a ser como él. Lo mejor es que él no se avergüenza de llamarnos sus hermanos (Hebreos 2:11).

Cuatrocientos hombres eran los que componían la población dentro de la cueva de Adulam. Me imagino que eran la escoria de la sociedad de la época, y que pocos “de los grandes” querían asociarse con ellos. Pero una cosa debo decir de ellos: tuvieron el suficiente sentido como para someterse al futuro Rey. Le hicieron su jefe antes que fuera oficialmente coronado. Afligidos, endeudados, amargados… pero de la familia y sometidos al rey.

No sé en cuanto a ti… pero si cabes en la cueva de Adulam te animo a que hagas lo mismo que los que estuvieron con David: haz que el Rey sea tu jefe. Deja que él te consuele en tus dolores y prepárate a servirle. Como dijo Steve en su mensaje esta noche: lo que nos aguarda es el cielo, y lo mejor que hay en el cielo es que Jesús (nuestro Rey) está sentado en su trono.

Nos vemos mañana.

4 pensamientos en “1Samuel 22

  1. me gusto mucho esta eflexión… hoy lei el pasaje. no entendía porqué estos hombres se ubieron a david. el no tenía nada… estaba en una consición de iguales y sin embago lo siguieron, vieron algo diferente… es un misterio qué es lo que ocurió de en esa cueva… de mendigos a valientes! tantas dudas. solo me queda dejar de preguntar y rendirme.

  2. Pienso que en algun momento de nuestras vidas vamos pasando por estos tres estados que describe en 1 Samuel 22, y nos cuesta mucho dejarlo todo a nuestro Rey, debemos dejar que sea Él que que nos guie y lleve nuestra carga.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s