Fue el primer video de este día en Villa de Leyva. Acciones y actitudes. Si has visto los videos de Lazos Rotos, tal vez te acuerdas de la caminata por la montaña y de mi intento de abrir la puerta “en medio de la nada” para poder llegar hasta el territorio de Patty (un poco surrealista ¿no crees?). Si no los has visto, este video en particular trata de las únicas dos llaves que abren la puerta de separación que ponemos cuando ofendemos a las personas que amamos. Las dos llaves son fáciles de identificar: acciones y actitudes. La Biblia está plagada de desafíos, instrucciones, ejemplos, exhortaciones y advertencias sobre la necesidad de hacer lo correcto y transmitir con claridad que estamos tratando de hacer lo correcto. Hacer habla de acciones; transmitir, de actitudes. Este día compartimos con los participantes del retiro algunos “secretos” claves en la manera de abrir esa puerta de separación que a veces parece infranqueable. Al enseñar veo, una vez más, que todos los seres humanos somos muy similares. No importa si somos salvadoreños, guatemaltecos, nicas, ticos, colombianos, norteamericanos o chinos. Somos personas, y como tales somos… “una ofensa ambulante buscando un lugar donde ocurrir”.
Tal vez a ti te ha pasado: ofendiste a alguien a quien amas y no puedes “desandar” el camino. Puede haber sido tu pareja, uno de tus padres, tus amigos, tu novio/novia, tus hermanos en Cristo… y como dicen acá en Colombia: “la embarraste” (traducido al buen salvadoreño: la regaste). Todos la hemos regado muchas veces… algunos hasta pareciera que hemos hecho de la ofensa involuntaria un arte sofisticado. No es por gusto que la Biblia dice:
Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. Santiago 3:2
Quiero recordarte el contenido del pasaje de Colosenses que ocupa mi corazón: Debemos escoger ser (vestirnos) como los escogidos de Dios. La clave está en lo que hacemos, y es imposible que hagamos nada bien si no “sentimos” la empatía necesaria para identificarnos con la necesidad del ser amado. Luego, debemos acercarnos con humildad (ouch!) con mansedumbre (jmmm!) y con paciencia (ufff!). No son tareas fáciles. Te lo confieso, no lo son para mí.
Te lanzo algunas preguntas que creo que son muy relevantes a lo que Pablo nos dejó en Colosenses. Antes de hacértelas, me las he hecho a mí mismo. Aquí te van: ¿Eres amable? ¿Eres cortés? ¿eres suave en tu trato con quienes te rodean? ¿te interesas por el bienestar de los demás? ¿te compadeces de las dificultades de tu pareja/padres/hermanos/empleados? ¿eres egoísta? ¿eres insensible?. ¿Te proyectas como una persona arrogante? ¿impaciente? ¿orgullosa?. ¿Qué hay de tu tono de voz?
Al igual que ayer, te animo a que te evalúes… piensa unos instantes y contesta las preguntas con sinceridad. Pueden darte un esbozo de tu realidad personal… y al estar por comenzar esta semana, pídele a Dios que te muestre como “bajar la guardia” y cambiar tus acciones y tus actitudes hacia aquellos que están puestos “en el otro lado de la puerta”. Yo estoy pidiéndole a Dios lo mismo.
Nos vemos mañana.

